Dime de qué hablas y te diré quién eres
Indicios, trabas, y por descontado dudas. Las fuentes, ya sean bien o mal tratadas generan una gran polémica, polémica que por cierto en ocasiones te hace ser millonario. Obviamente, este no será el guiso que todos comeremos, pero bueno, no deja de ser entrañable imaginarlo. Muchos echan la vista atrás prendados del libro “Todos los hombres del Presidente” o del más reciente “El hombre secreto: la historia sobre Garganta Profunda del Watergate” y piensan en la maravillosa trama periodística que desempeñaron Woodward y Bernstein. La veneración aumenta si observamos como el que fuera segundo del FBI, en pleno camino hacia su centenario particular, se está haciendo de oro al abogar por el patriotismo. Amor a la patria, respeto a la nación y demás parafernalia mediática es la que recibimos desde que Mark Felt dijese hola a todo el mundo como el valorado Garganta Profunda.
Pero reaccionas, y de lo que en un principio es una simple cronología de los hechos, puedes rescatar dos matices muy diferenciados; por un lado y sin buscar las florituras semánticas la calidad periodística destilada mediante las fuentes, y por otro la vanidad llevada finalmente al plano económico. Y creo que en estos momentos, la constante no es otra que la sana pelusa, la envidia al ver el prestigio y la rentabilidad que reporta un trabajo bien hecho, al fin y al cabo un buen cuidado de las fuentes, tus fuentes. Lo cierto, es que la relevancia de éstas tildándolas de confidenciales en este caso es indudable. Felt se perfila como la principal salida oficiosa, sin embargo hay muchas más. Las anotaciones que dieron forma al Watergate se componen de muchas caras, de modo que era de esperar que tras el destape de Felt, muchos anhelasen un minuto de gloria. Fuentes propias producto de las investigaciones de los reporteros, que combinadas con las institucionales, relegadas éstas a un segundo nivel por la desconfianza que generaban. Sólo hay un punto de toda la historia un tanto paradójico, y no es otro que la excesiva confianza que los periodistas concedieron a las fuentes, creyendo todo lo que decían. Pero bueno al fin y al cabo, fueron éstas las que dieron forma al Watergate.
Pero reaccionas, y de lo que en un principio es una simple cronología de los hechos, puedes rescatar dos matices muy diferenciados; por un lado y sin buscar las florituras semánticas la calidad periodística destilada mediante las fuentes, y por otro la vanidad llevada finalmente al plano económico. Y creo que en estos momentos, la constante no es otra que la sana pelusa, la envidia al ver el prestigio y la rentabilidad que reporta un trabajo bien hecho, al fin y al cabo un buen cuidado de las fuentes, tus fuentes. Lo cierto, es que la relevancia de éstas tildándolas de confidenciales en este caso es indudable. Felt se perfila como la principal salida oficiosa, sin embargo hay muchas más. Las anotaciones que dieron forma al Watergate se componen de muchas caras, de modo que era de esperar que tras el destape de Felt, muchos anhelasen un minuto de gloria. Fuentes propias producto de las investigaciones de los reporteros, que combinadas con las institucionales, relegadas éstas a un segundo nivel por la desconfianza que generaban. Sólo hay un punto de toda la historia un tanto paradójico, y no es otro que la excesiva confianza que los periodistas concedieron a las fuentes, creyendo todo lo que decían. Pero bueno al fin y al cabo, fueron éstas las que dieron forma al Watergate.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home